Ciberdelitos sexuales: detectaron 56 víctimas menores en apenas cuatro meses

La UFIJ N.º 8 de Berazategui detectó los casos entre mayo y agosto. Casi nueve de cada diez víctimas individualizadas son niñas y adolescentes, y en un tercio de los registros hubo encuentros presenciales con los imputados. Grave situación en el Conurbano Sur.
Policiales 17/09/2026

NOTA 1

Una pantalla, una conversación que parece inofensiva y alguien que empieza a pedir más. Entre mayo y agosto, al menos 56 niñas, niños y adolescentes fueron detectados como víctimas de ciberdelitos sexuales en Berazategui, Florencio Varela y Quilmes. 

 

El dato surge del trabajo de la UFIJ N.º 8 de Berazategui, especializada en delitos digitales contra las infancias e investigaciones vinculadas con trata de personas. Lo inquietante no está solamente detrás del teléfono: en uno de cada tres casos individualizados, el contacto terminó en un encuentro cara a cara.

 

La fiscalía, a cargo de Ernesto Daniel Ichazo, registró 36 intervenciones con víctimas identificadas de manera directa. Otras 20 aparecieron dentro de investigaciones que reúnen a varias personas afectadas y cuya individualización todavía continúa. Es decir, la cifra de 56 funciona como un piso de lo detectado durante esos cuatro meses, no como una medida de todo lo que ocurre en la región.

 

Los números dibujan un patrón especialmente duro. Entre los 36 casos

 

individualizados, el 88,9% de las víctimas son niñas y adolescentes mujeres. La mayor concentración está entre los 13 y los 15 años, una franja que reúne el 52,8% de los registros. Berazategui concentra el 41,7%, Florencio Varela el 33,3% y Quilmes el 25%.

 

Instagram aparece como la plataforma utilizada con mayor frecuencia, presente en el 30,6% de los casos. Después figuran WhatsApp, con el 22,2%, y TikTok, con el 19,4%. Las investigaciones también encontraron situaciones relacionadas con Free Fire, Roblox, Snapchat y otras aplicaciones. No hay, entonces, una única puerta de entrada: el contacto puede comenzar en una red social, una mensajería o incluso en espacios digitales asociados al juego.

 

Cuando el peligro sale de la pantalla

 

El dato que rompe la idea de un delito exclusivamente virtual es contundente: en el 33,3% de los registros individualizados hubo encuentros presenciales entre la víctima y el imputado. La pantalla puede ser el comienzo de una aproximación que después se traslada al territorio, a una casa, una esquina o cualquier otro espacio cotidiano.

 

Tampoco siempre hay un desconocido escondido detrás de un perfil. En el 58,3% de los casos no existía una relación previa, pero en el 41,7% sí había algún vínculo o conocimiento anterior. En ese grupo aparecen familiares, vecinos, docentes, ex parejas, compañeros y personas del entorno social o familiar. El dato obliga a mirar más allá de la imagen clásica del extraño que engaña desde internet: parte del riesgo también puede crecer dentro de relaciones donde ya existe confianza o cercanía.

 

En más de la mitad de los casos individualizados, el 55,6%, se comprobó el envío de material relacionado con violencia y explotación sexual contra niñas, niños y adolescentes. A ese escenario se suma una modalidad todavía más nueva para las investigaciones: la fiscalía detectó expedientes donde se utilizó inteligencia artificial para producir o publicar representaciones de menores de 18 años.

 

La tecnología cambia las herramientas, acelera la circulación de imágenes y abre formas nuevas de producir material abusivo. Pero detrás de cada porcentaje sigue habiendo una víctima concreta. Un teléfono puede guardar una conversación, una fotografía o una cuenta; para la Justicia, esos rastros pueden convertirse en evidencia.

 

Para una chica o un chico, en cambio, el daño no termina cuando se apaga la pantalla.

La investigación judicial tiene ahora el trabajo de reconstruir contactos, vínculos y responsabilidades en un universo donde lo digital y lo presencial se mezclan cada vez más. La información disponible no precisa detenciones, por lo que no corresponde atribuir arrestos que no fueron informados. Lo que sí deja expuesto el relevamiento es la dimensión regional de un problema que atraviesa Quilmes, Florencio Varela y Berazategui y que no reconoce la frontera entre internet y la calle.

 

Hay delitos que dejan una puerta forzada o una persiana rota. Estos pueden empezar con una notificación que nadie más escucha. Por eso, detrás de las 56 víctimas detectadas no hay una estadística fría: hay infancias atravesadas por una violencia que aprendió a entrar por la pantalla, a aprovechar vínculos de confianza y, en demasiados casos, a salir del mundo virtual para encontrarlas en persona.

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