Cuatro años sin Tehuel: el cuerpo que el conurbano todavía busca

La Provincia volvió a ofrecer una recompensa millonaria para encontrar los restos de Tehuel de la Torre, el joven trans desaparecido en 2021 en San Vicente. El caso sigue siendo una herida abierta en el sur del conurbano y una de las investigaciones más oscuras y dolorosas de los últimos años.
Región 07/05/2026

NOTA 4En el conurbano hay ausencias que no se apagan. Quedan suspendidas en las paredes con carteles húmedos por la lluvia, en publicaciones compartidas miles de veces y en madres que aprenden a dormir sin respuestas. La historia de Tehuel de la Torre pertenece a ese territorio donde el tiempo no avanza.

 

Hace más de cuatro años que salió de su casa rumbo a una supuesta entrevista de trabajo y nunca volvió.

 

Tenía 22 años. Vivía en Alejandro Korn. Era bajo, robusto, morocho, tímido en las fotos y sonriente con quienes lo conocían. Como tantos pibes del sur bonaerense, buscaba changas para sobrevivir en una Argentina áspera, donde conseguir trabajo también puede convertirse en una trampa. La última vez que lo vieron fue el 11 de marzo de 2021. Después, silencio.

 

Ahora el Ministerio de Seguridad bonaerense volvió a activar una recompensa de entre cinco y diez millones de pesos para quien aporte información que permita encontrar sus restos. La medida reabre una pregunta brutal que nunca dejó de flotar sobre el expediente: ¿dónde está Tehuel?

 

La causa judicial sostiene que fue víctima de un homicidio agravado por odio a la identidad de género y orientación sexual. Pero incluso con detenidos y condenas, el cuerpo sigue desaparecido. Y eso transforma el caso en algo todavía más inquietante. Porque sin cuerpo no hay despedida. No hay tumba. No hay última escena. Solo un vacío que se agranda con los años.

 

La desaparición de Tehuel golpeó fuerte en las organizaciones LGBT+, en colectivos de derechos humanos y también en barrios populares donde muchos jóvenes trans viven una combinación feroz de exclusión laboral, violencia y abandono estatal. El expediente judicial logró reconstruir movimientos, llamados y encuentros, pero nunca pudo cerrar la herida principal.

 

En los pasillos judiciales, el caso siempre cargó un clima espeso. Hay algo particularmente oscuro en los crímenes donde la víctima parece evaporarse. Los investigadores buscaron en pozos, campos, hornos de ladrillos y basurales. Revisaron teléfonos, cámaras y testimonios cruzados. Pero el conurbano profundo tiene rincones donde la tierra guarda secretos con una obstinación feroz.

 

San Vicente, Alejandro Korn y los caminos rurales que conectan ambos puntos aparecen desde hace años como escenarios de esta historia rota. Calles de tierra, perros sueltos, luces débiles y vecinos que todavía recuerdan aquel operativo interminable con policías entrando y saliendo de terrenos baldíos. En esos barrios la desaparición de Tehuel nunca fue una noticia más. Fue una advertencia brutal sobre la vulnerabilidad de quienes viven fuera de toda norma cómoda para el poder y para parte de la sociedad.

 

La recompensa difundida en las últimas horas busca empujar una causa que parece atrapada entre el horror y el desgaste. Las autoridades piden información concreta, datos verificables, algo que permita llegar finalmente al lugar donde fue descartado el cuerpo. Porque detrás de la cifra hay una desesperación institucional evidente: todavía no pudieron encontrarlo.

 

Mientras tanto, el nombre de Tehuel sigue apareciendo en marchas, murales y banderas. No solo como símbolo de violencia contra la comunidad trans, sino también como recordatorio de algo más profundo y más incómodo: en el conurbano hay personas que desaparecen incluso en democracia y hay familias enteras condenadas a vivir esperando un llamado que nunca llega.

A veces la justicia consigue condenar a alguien. Lo más difícil es devolverle humanidad a una ausencia.

 

Te puede interesar
Lo más visto