
Kicillof y Otermín reabren el bajo nivel de Temperley

Obras públicas, territorio y blindaje político en Lomas
Con aplomo de jefe local y sonrisa de intendente joven con proyección, Federico Otermín recorrió el flamante paso bajo nivel de Temperley junto a Axel Kicillof. No fue una postal más. En tiempos donde el Gobierno nacional celebra el fin de la obra pública, el gobernador redobla la inversión provincial para sostener su ancla política: el territorio del Conurbano. Y en esa estrategia, Lomas de Zamora ocupa un lugar clave. No es para menos
Otermín gobierna el segundo distrito más populoso del Gran Buenos Aires y, a su vez, uno de los bastiones históricos del peronismo bonaerense. Pero no sólo es geografía lo que lo vuelve relevante: es también la proyección de una nueva generación de intendentes que Kicillof quiere enamorar en su esquema de poder. El túnel renovado es una obra de infraestructura, sí, pero también un mensaje de blindaje político y de que va a encabezar la campaña.
“Esto no es un parche, es una solución estructural”, marcó el intendente, con tono más de constructor que de político. La frase, sin embargo, tenía dirección: no solo al túnel, sino también al modo en que el peronismo bonaerense busca sobrevivir al huracán Milei. Kicillof devolvió el guiño: “Tenemos mil obras paradas por el Gobierno nacional. Pero esto nos reafirma el compromiso de defender lo que tenemos y frenar las políticas de Milei”.
Entre adoquines, pluviales y estrategia electoral
La obra no es menor. El bajo nivel conecta las avenidas Eva Perón y 9 de Julio, y articula la circulación entre el este y el oeste de Lomas. Su deterioro era parte de esas postales grises que se convierten en metáfora de abandono estatal. La reconstrucción incluyó repavimentación total, nueva iluminación, bulevar, paso peatonal, insonorización y un sistema pluvial renovado para evitar inundaciones. En criollo: se hizo lo que había que hacer.
Pero detrás de cada baldosa bien puesta, también hay rosca. Y Kicillof lo sabe. Con Milei recortando fondos y empujando a los gobernadores a un sálvese quien pueda, el gobernador optó por el camino inverso: centraliza recursos, empodera intendentes y se pone al frente de una gestión que combina cemento con política.
El resultado es una postal que busca desmentir dos cosas: que el Estado no sirve y que el peronismo ya fue. “Mientras Milei recorta, nosotros seguimos haciendo”, podría ser la bajada no dicha de este acto. La foto con Otermín, Verónica Magario, Mariano Cascallares, Sol Tischik y Adrián Santarelli no fue una simple recorrida de obra: fue un mensaje de unidad territorial en tiempos de balas libertarias.
Los intendentes son clave
Otermín no es un emergente improvisado. Viene del Congreso, fue presidente de la Cámara de Diputados bonaerense y tiene buen diálogo tanto con Kicillof como con La Cámpora, aunque juega con perfil propio. Su llegada a la intendencia de Lomas fue parte de una transición acordada con Martín Insaurralde, pero no por eso su liderazgo es prestado: en tiempo récord, mostró que puede gobernar, comunicar y construir su propia legitimidad.
Kicillof apuesta a esa camada. Necesita intendentes que gestionen, que sean competitivos electoralmente y que ayuden a evitar nternas paralelas. Otermín, en ese sentido, aparece como uno de los pocos que cumple con todos los casilleros.
Por eso, cada obra que inaugura tiene dos niveles: el de los pluviales y el de los pactos. Cada cordón nuevo es también un blindaje a su base política. Porque si Milei apuesta al conflicto con los gobernadores y a la quita de recursos, Kicillof apuesta a contener el conurbano y mostrar gestión donde el otro solo exhibe recorte. Otermin es una figura con múltiples matices, parece Cámpora, parece barón del Conurbano, parece gestor poderoso al estilo Kicillof. Y sabe de rosca. Muchísimo. Es Cristinista pero no queda entrampado en ociosidades.
En tiempos donde el ajuste baja en dron desde la Rosada y las partidas presupuestarias son un recuerdo, el túnel de Temperley se vuelve símbolo: se puede gobernar de otro modo. No solo con planillas de Excel y motosierra, sino con asfalto, gestión y política de carne y hueso.
Otermín muestra que hay músculo territorial y que el recambio generacional no implica rendición ante el nuevo orden libertario. Kicillof, por su parte, blinda lo que considera su verdadero capital: la calle, los intendentes, el conurbano. Y en ese reparto de poder, cada paso bajo nivel puede ser, también, un paso más hacia el futuro político de la Provincia.
Porque cuando se construyen túneles, a veces no es para esconderse… sino para pasar por debajo de los escombros de un país que parece derrumbarse.





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