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title: "Cayeron en Lanús por comprar celulares con identidades ajenas: cómo funcionaba la estafa"
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description: "Cuatro personas fueron detenidas tras allanamientos de la Policía Federal. La investigación sostiene que utilizaban información de clientes reales para superar controles de identidad, comprar teléfonos y desviar las alertas de las operaciones. El origen de esos datos no fue informado."
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date_published: "2026-09-23T07:47:00-03:00"
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# Cayeron en Lanús por comprar celulares con identidades ajenas: cómo funcionaba la estafa

![NOOTA 4](/download/multimedia.normal.a7f1e82fa4122d4d.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Para comprar un celular a nombre de otra persona no hacía falta entrar a una casa ni arrebatar un documento. La maniobra que investiga la Justicia empezaba a distancia: alguien llamaba al canal de ventas de una compañía telefónica, aportaba datos de un cliente real y utilizaba información adicional para superar las preguntas de validación de identidad. Después cambiaba el correo de contacto, seguía el envío y finalmente retiraba el teléfono.

Ese circuito terminó con cuatro detenidos y allanamientos de la Policía Federal Argentina en Lanús y la Ciudad de Buenos Aires. Pero los celulares son apenas la parte visible del caso. La pregunta que todavía permanece abierta es de dónde salió la información personal que permitía hacerse pasar por otra persona.

La causa está a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 4, de Martín Yadarola, con intervención de la Secretaría N° 133, de Mariano Dalbosco Lacava. La PFA informó que la investigación comenzó en febrero a partir de denuncias por secuestros virtuales y que, con el avance de las tareas, aparecieron maniobras de estafa y utilización de identidades ajenas. Los cuatro arrestados quedaron a disposición judicial por estafa. La información oficial no les atribuye aquellos secuestros virtuales.

Según la investigación, los sospechosos se comunicaban con el canal comercial de una empresa de telefonía móvil y se presentaban como clientes legítimos. Para atravesar los controles utilizaban información que la PFA describió como presuntamente extraída de alguna base de datos específica. Su procedencia no fue determinada públicamente.

La identidad utilizada era ajena, pero los datos eran reales. Esa combinación les habría permitido superar las preguntas destinadas justamente a comprobar que del otro lado de la comunicación estaba el verdadero cliente.

Después de la validación aparecía una segunda pieza del mecanismo: cambiar el canal por el que podía descubrirse la maniobra. Los compradores suministraban cuentas de correo electrónico creadas por ellos mismos, de manera que las confirmaciones y alertas de la operación no llegaran al contacto habitual del titular. Primero conseguían hacerse pasar por el cliente. Después evitaban que el cliente se enterara de la compra.

**Los celulares eran el botín, pero la llave estaba en los datos**

Superados esos pasos, los teléfonos eran enviados a sucursales de una empresa postal. Los investigados obtenían el número de seguimiento, controlaban el recorrido de los paquetes y finalmente retiraban los equipos.

Ese último movimiento abre otra pregunta. La investigación oficial explica cómo conseguían que la compañía telefónica autorizara la compra, pero no detalla públicamente qué mecanismo permitía completar el retiro de un aparato adquirido con una identidad ajena.

La empresa telefónica y la compañía postal tampoco fueron identificadas oficialmente. Por eso todavía falta conocer qué documentación o validación se requería para entregar los teléfonos, quién figuraba autorizado para retirarlos y qué controles atravesaba el paquete desde la compra hasta quedar en manos de quien lo buscaba. Sin esas respuestas no existen elementos para atribuir responsabilidades a ninguna de las compañías.

La información oficial tampoco habla de un hackeo a la telefónica ni confirma una filtración masiva de clientes. Lo comprobado hasta ahora es más acotado: los investigados disponían, según la PFA, de información suficiente para atravesar los controles de validación. De qué base salió, quién la obtuvo y cómo llegó hasta ellos son cuestiones que no fueron esclarecidas públicamente.

Las tareas realizadas durante la investigación permitieron individualizar cuatro inmuebles. Tres estaban ubicados en Lanús, sobre las calles Murature, Colón y Manuel Castro. El restante se encontraba sobre Juan Agustín García, en la Ciudad de Buenos Aires. En los procedimientos fueron detenidos dos hombres y dos mujeres, todos mayores de edad.

Los federales secuestraron ocho teléfonos celulares, dos notebooks, un vehículo utilitario y documentación considerada de interés para la causa. Todo quedó a disposición de la Justicia. Su análisis podrá aportar información sobre el alcance de las maniobras, aunque todavía no se conoce públicamente qué elementos contienen los dispositivos y documentos incautados.

También permanece abierto el tamaño económico del caso. La información difundida no establece cuántas víctimas fueron alcanzadas, cuántas identidades habrían sido utilizadas, cuántos teléfonos se compraron mediante este mecanismo ni cuál sería el monto total del perjuicio.

Esos números resultarán importantes para conocer la dimensión de la maniobra. Pero existe otra pregunta que excede la cantidad de celulares. Un sistema de validación de identidad funciona como barrera solamente mientras la información utilizada para comprobar quién es una persona permanezca fuera del alcance de terceros.

Los ocho teléfonos secuestrados son la parte visible del caso. La más difícil de fotografiar son los datos que habrían permitido llegar hasta ellos. El operativo terminó con cuatro detenidos, pero dejó abierta una pregunta que atraviesa cualquier barrio: **cuánta información personal necesita alguien para conseguir que, del otro lado de una llamada, un sistema crea que es otra persona.**

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