Julio Cortázar y el ejercicio de la poesía

Un 26 de agosto de 1914, nacía en Bruselas, Bélgica, Julio Cortázar, escritor argentino, que vuelve a la Argentina en 1918, residiendo en Banfield, donde creció y se educó.

Un 26 de agosto de 1914, nacía en Bruselas, Bélgica, Julio Cortázar, escritor argentino, que vuelve a la Argentina en 1918, residiendo en Banfield, creció y se educó…dedicándose más tarde a la docencia y a trabajos editoriales…viajó mucho, fue un viajero infatigable, pero residió casi siempre en París, que fue su última morada.

Su primer libro fueron los poemas de Presencia (1938), Bestiario (1951) y ….con Rayuela (1963) marcó la culminación de la novela experimental en castellano.

Por encima de su extensa obra en prosa, el ejercicio de la poesía fue una constante que mantuvo Cortázar durante toda su vida de escritor profundo e inquieto. Llegó a decir que las formas tradicionales del poema le resultaba tan familiar, al igual que a Martín Fierro…le nacían como agua de manantial.

Confesaba lo siguiente: “casi nunca quise publicar versos…por un placer perverso de guardar lo que quizás es más mío”.

Percibe las rupturas de las costumbres para transformarlas en fenómenos poéticos a través del ensueño, la asociación verbal o la coincidencia turbadora, y que siendo fiel a sus vivencias las trasfigura, hasta lograr sustituir al complaciente realismo que nos aferra a la cotidianeidad, a lo distorsionado….

Veamos esto a través de sus textos:

Bolero

Qué vanidad imaginar

que puedo darte todo, el amor y la dicha,

itinerarios, música, juguetes.

Es cierto que es así:

todo lo mío te lo doy, es cierto,

pero todo lo mío no te basta

como a mí no me basta que me des

todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca

la pareja perfecta, la tarjeta postal,

si no somos capaces de aceptar

que sólo en la aritmética

el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito

que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,

quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor,

los engranajes del reflujo,

los cuerpos que abandonan las almohadas,

las sábanas, los besos

y de pie ante el espejo interrogándose

cada uno a sí mismo

ya no mirándose entre ellos

ya no desnudos para el otro,

ya no te amo,

mi amor

Después de la fiestas

Y cuando todo el mundo se iba

y nos quedamos los dos

entre vasos vacíos y ceniceros sucios

que hermoso era saber

que estabas ahí como un remanso,

sola conmigo al borde de la noche,

y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba

porque una misma almohada

y una misma tibieza iba a llamarnos

otra vez a despertar al nuevo día,

juntos, riendo, despeinados.