
Zona Sur: CLAPP cerrará en Jeppener y echa a todo el personal que quedaba

La crisis de CLAPP en Jeppener dejó de ser una amenaza para convertirse en una fecha: 30 de noviembre. Ese es el horizonte que la empresa comunicó a los trabajadores para avanzar con el cierre de la planta y la desvinculación del personal que todavía permanece allí, según confirmó Daniel Cardoso, delegado de la Unión Obrera Metalúrgica. Más de 30 familias quedarían alcanzadas por la medida, aunque todavía continúan las audiencias y negociaciones ante el Ministerio de Trabajo bonaerense.
Para Jeppener, en el partido de Brandsen, el desenlace no llegó de golpe.
La Tercera había contado el 23 de abril que la fábrica entraba en un ajuste que reducía prácticamente a la mitad su estructura. La planta rondaba entonces los 70 trabajadores y el recorte incluía 28 desvinculaciones acordadas con la UOM y otros siete puestos jerárquicos. La mayoría del personal ya atravesaba suspensiones y apenas una parte de la dotación sostenía tareas dentro de la fábrica.
En aquella cobertura aparecía también una advertencia que hoy vuelve con otro peso: los trabajadores señalaban que la planta podía cerrar antes de finalizar 2026.
Cinco meses después, aquel riesgo se convirtió en el escenario que hoy enfrenta la fábrica: CLAPP se encamina al cierre total.
La situación de la autopartista quedó desde comienzos de año fuertemente vinculada con la caída de actividad de Stellantis. Según la información conocida durante el conflicto de abril, la firma de Jeppener abastecía prácticamente de manera exclusiva a la planta de El Palomar. Cuando bajaron los volúmenes en la terminal, el impacto llegó rápidamente al proveedor.
Stellantis atravesó durante 2026 varias reducciones de actividad en El Palomar. En marzo bajó un turno y abrió retiros voluntarios; después programó nuevas paradas para adecuar la producción a la demanda interna y a las exportaciones.
Para una autopartista que dependía de ese volumen, el margen fue cada vez menor.
Primero llegaron las suspensiones, después los despidos y ahora el escenario de cierre.
De 70 trabajadores al final de la planta
La secuencia permite entender por qué el caso de CLAPP excede la imagen de una fábrica que un día decide bajar la persiana.
En abril todavía quedaba una estructura reducida con la expectativa de sostener parte de la actividad. Durante los meses siguientes, buena parte del personal permaneció suspendida y la producción se mantuvo en niveles mínimos. La última comunicación trasladada a los trabajadores apunta ahora a terminar los vínculos laborales restantes hacia fines de noviembre.
Las audiencias laborales siguen abiertas y deberán definir las condiciones de las desvinculaciones. Pero el escenario informado por la representación sindical ya no es el de una nueva reducción parcial: es el de salida de todo el personal.
Para Jeppener eso tiene otra dimensión.
No son solamente treinta y pico de empleos que desaparecen de una estadística provincial. Son salarios industriales que durante años circularon dentro de una localidad pequeña y alimentaron almacenes, alquileres, servicios y consumo cotidiano.
CLAPP forma parte, además, de la historia del pueblo.
La planta nació en 1949, inicialmente dedicada a máquinas de coser. En 1962 comenzó a producir componentes para el Citroën 2CV y desde entonces quedó vinculada durante décadas con la industria automotriz. Pasó por Sevel, después por PSA y en 2018 fue transferida al Grupo CLAPP para continuar la operación en Jeppener.
Setenta y siete años después de aquella primera fábrica, el problema ya no es cómo producir más. Es si quedará algo produciendo. La historia también muestra cómo funciona la cadena automotriz cuando una terminal reduce actividad. El ajuste no termina dentro de El Palomar. Baja hacia fabricantes de piezas, talleres, transportistas y proveedores que dependen de cada vehículo que deja de salir de la línea.
En abril, un trabajador de CLAPP lo había resumido a La Tercera con una frase breve: “Al bajar allá, bajan acá”. Entonces todavía quedaban trabajadores, suspensiones y una posibilidad de continuidad. Hoy esa misma frase describe el final de la secuencia.
Mientras siguen las audiencias ante Trabajo, Jeppener enfrenta algo mucho más concreto que la incertidumbre de hace cinco meses: la posibilidad de llegar a diciembre sin una de las fábricas que durante generaciones formó parte de su vida cotidiana.
La Tercera contó en abril cómo CLAPP reducía su planta y quedaba al borde del cierre. Cinco meses después, el cierre ya tiene fecha.



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