Empresarios alertan por un círculo recesivo que golpea con fuerza al Conurbano bonaerense

La Corporación Empresaria de Buenos Aires vinculó la pérdida de más de 235.000 empleos privados con la caída del consumo, cierres empresarios y menor uso del transporte. El Conurbano aparece entre los territorios más afectados por un circuito que destruye demanda y actividad.
Región 27/08/2026

NOTA 1 vaEn el Conurbano bonaerense la economía no necesita demasiados indicadores sofisticados para mostrar que algo está fallando. Alcanza con recorrer un centro comercial, mirar las persianas que no volvieron a levantarse, hablar con una pyme que perdió pedidos o contar cuánta gente dejó de viajar todos los días. La Corporación Empresaria de Buenos Aires advierte que cierre de empresas, destrucción de empleo, caída de ventas y menor utilización del transporte público forman parte de un mismo circuito contractivo que se alimenta a sí mismo.

 

El diagnóstico importa por quién lo formula y por dónde ocurre. No es solamente una discusión sindical ni una impugnación partidaria al programa económico de Javier Milei. Son empresarios observando un problema elemental para cualquier capitalismo que pretenda funcionar: si desaparece la demanda, tarde o temprano desaparece también quien produce para abastecerla.

 

El informe de la Corporación cruza información oficial del INDEC con relevamientos de CAME, CAC, UIA y estudios privados como I+D, IPA y Audemus. La secuencia que encuentra es bastante menos sofisticada que algunos debates macroeconómicos, pero mucho más difícil de esconder: los ingresos pierden capacidad de compra, las tarifas absorben una porción creciente del presupuesto familiar, cae el consumo, los comercios facturan menos y las industrias reciben menos pedidos.

 

Después viene lo conocido. Primero se ajustan horarios, luego personal, después queda una persiana baja. Y cuando ese trabajador pierde el empleo, vuelve a consumir menos. La recesión deja entonces de ser una línea descendente y se convierte en un círculo.

 

El circuito que empieza en el salario y termina en la fábrica

 

Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, según los datos recopilados por la Corporación, el empleo privado formal perdió más de 235.000 puestos. El deterioro no aparece únicamente en la cantidad: de cada 100 trabajadores registrados, apenas 76 mantienen esa condición un año después, el peor registro de la última década.

 

La desocupación llegó al 7,8% durante el primer trimestre de 2026, unas 1,72 millones de personas, y quedó 2,1 puntos por encima del nivel de fines de 2023. Al mismo tiempo, la informalidad alcanzó el 44,2%.

Es allí donde las variables empiezan a conectarse.

Una familia con menos ingresos posterga una compra. El comercio que vende menos reduce reposición. El distribuidor recibe menos pedidos. La fábrica disminuye producción. Si el proceso continúa, aparecen suspensiones, despidos o cierres. Ese nuevo desempleado vuelve a reducir sus gastos y la rueda comienza otra vez, pero desde un escalón más bajo.

 

CAME viene detectando esa debilidad en las ventas minoristas y advirtiendo sobre locales vacíos cuya reposición no compensa ni cuantitativa ni cualitativamente las empresas desaparecidas. El comercio electrónico, alrededor del 18% del total según la entidad, tampoco alcanza para explicar el fenómeno ni mucho menos para absorberlo.

 

Construcción, textiles, indumentaria e industria manufacturera aparecen entre los sectores particularmente golpeados. No casualmente son actividades con fuerte capacidad para generar empleo y especialmente sensibles al mercado interno.

El transporte aporta otro dato. El estudio detecta caídas de entre 8% y 31% en el uso del transporte público del AMBA, dependiendo del medio y período considerado, mientras las tarifas crecieron por encima de la inflación.

 

Viajar menos puede parecer un dato lateral hasta que se entiende qué está midiendo. Menos viajes también pueden significar menos empleo, menos actividad comercial, menos salidas y familias administrando hasta el último traslado.

 

El Conurbano y el problema que la macro todavía no resolvió

 

Todo esto adquiere una dimensión diferente en el Conurbano. Allí viven alrededor de 14 millones de personas y funciona una de las mayores concentraciones industriales, comerciales y laborales de la Argentina. Lo que sucede en ese territorio difícilmente pueda ser tratado como una anomalía periférica.

 

El Gobierno tiene argumentos macroeconómicos para defender su programa: equilibrio fiscal, desaceleración inflacionaria y determinadas mejoras financieras. El problema empieza cuando esos resultados no reconstruyen el ingreso disponible ni consiguen reanimar suficientemente la demanda.

 

Para una fábrica de San Martín, un taller de Lanús o un comercio de Lomas de Zamora, la discusión termina siendo bastante menos abstracta: necesita clientes.

 

La preocupación empresaria apunta precisamente ahí. Sin recuperación del salario real, financiamiento razonable y alguna salida para empresas atrapadas entre caída de ventas, deuda y obligaciones fiscales, estabilizar puede terminar significando estabilizar una economía más pequeña.

 

CAME viene reclamando refinanciación de pasivos a tasas sostenibles y mecanismos para pymes con obligaciones fiscales acumuladas, además de una discusión tributaria entre Nación, provincias y municipios. Son demandas empresarias, no consignas revolucionarias.

Y acaso ese sea el dato políticamente más delicado. Cuando quienes producen y venden empiezan a advertir que falta demanda, la discusión deja de ser ideológica.

El Conurbano tiene una característica implacable: el sueldo de uno rápidamente se convierte en la facturación de otro. Cuando millones restringen simultáneamente sus gastos, el ajuste recorre almacenes, talleres, fábricas, colectivos y puestos de trabajo.

 

La macro puede ordenar balances y todavía fracasar en reconstruir ese circuito. Porque una economía no termina de estabilizarse cuando cierra una planilla: termina de estabilizarse cuando vuelve a abrir una persiana y del otro lado hay alguien con plata para comprar.

 

 

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