
El Conurbano se vuelve el principal bastión anti Milei y la desaprobación escala al 69,5%

El Conurbano volvió a convertirse en el territorio más hostil para Javier Milei. No porque haya aparecido una oposición capaz de ordenar todo el malestar, sino porque allí la economía dejó de ser una discusión abstracta y pasó a medirse en salarios que duran menos, alquileres, deudas, changas y empleos que ya no garantizan estabilidad.
Una encuesta nacional de Alaska y Trespuntozero muestra que la desaprobación del Gobierno llega al 64,8%, pero en el AMBA trepa al 69,5%. Entre las personas de 30 a 49 años, el rechazo escala todavía más y alcanza el 75,1%.
El relevamiento fue realizado entre el 24 y el 29 de julio de 2026 sobre 1.290 casos, con un nivel de confianza del 95% y un margen de error de 2,7 puntos porcentuales. El dato central no está solamente en la caída general del oficialismo, sino en dónde se concentra: el Conurbano y la franja de edad laboral plena aparecen como los núcleos más duros del rechazo.
No es una casualidad. Son justamente los sectores que pagan alquiler, sostienen hijos, refinancian tarjetas, buscan conservar un empleo o atraviesan la caída del consumo. Allí la épica del ajuste encuentra menos paciencia porque la promesa de recuperación todavía no logra convertirse en una mejora concreta.
El Conurbano perdió la paciencia y dejó de creer en la recuperación
La desaprobación nacional duplica al respaldo. Solo el 32,2% evalúa positivamente la gestión, mientras un 53,6% directamente la califica como muy mala. En el AMBA el rechazo llega al 69,5%, pero el dato más delicado para el Gobierno aparece entre los adultos de 30 a 49 años: tres de cada cuatro desaprueban el rumbo.
Ese segmento no es electoralmente menor. Es la población con mayor nivel de actividad laboral, consumo, responsabilidades familiares y exposición al crédito. Cuando esa franja se vuelve masivamente crítica, el problema deja de ser exclusivamente comunicacional. No alcanza con que el Presidente vuelva a los estudios de televisión para explicar que los números cierran si la experiencia cotidiana indica otra cosa.
El clima económico tampoco ofrece alivio. Apenas el 28,9% cree que el Gobierno podrá revertir la situación, frente a un 62,9% que considera que no lo logrará. En el AMBA, la desconfianza asciende al 67,8%. Entre los adultos de 30 a 49 años llega al 67,9%.
La mitad de los encuestados asegura que sus expectativas económicas empeoraron durante el último mes. En el área metropolitana, ese pesimismo alcanza al 56,1%. Más grave aún, entre quienes reconocen la existencia de una crisis, el 83,6% cree que la parte más dura todavía no llegó. En el AMBA esa percepción trepa al 90,1%.
Ahí aparece el punto más complejo para cualquier gobierno. Una sociedad puede tolerar sacrificios cuando cree que el resultado está cerca. Lo que erosiona el poder no es únicamente el mal presente, sino la sospecha de que el futuro será igual o peor. Cuando se rompe esa expectativa, el ajuste deja de ser interpretado como una transición y empieza a ser leído como destino.
La encuesta también revela que el contrato electoral comienza a resquebrajarse. El 48,1% considera que Milei no cumple sus promesas y apenas el 22,3% cree que las está cumpliendo plenamente. La idea presidencial de que conserva legitimidad porque hizo exactamente lo que anunció ya no encuentra una adhesión mayoritaria.
La inflación, además, dejó de monopolizar la preocupación económica. La corrupción aparece en primer lugar con el 31%, pero la pobreza alcanza el 26,8%, la desocupación el 15,8% y la inflación queda relegada al 10,6%. La sociedad ya no discute únicamente cuánto suben los precios. Discute si tiene ingresos, empleo y horizonte.
El oficialismo cae, pero la oposición todavía no convierte el enojo en poder
El deterioro de Milei no significa que la oposición haya resuelto su propio problema. El Presidente continúa siendo el dirigente individual que genera mayor confianza, con el 26,4%, seguido por Cristina Fernández de Kirchner con 18,7% y Axel Kicillof con 17,8%. A la vez, el 23,2% no confía en ninguno.
Esa aparente contradicción explica buena parte del escenario. La gestión es ampliamente desaprobada, pero el rechazo permanece fragmentado. Milei pierde apoyo, aunque ninguna figura opositora logra transformarse todavía en un centro indiscutido de gravedad.
Las identidades políticas confirman esa dispersión. Solo el 13,9% se define como mileísta, mientras el 22% se identifica con el peronismo y el 10,4% con el kirchnerismo. Sin embargo, el grupo más numeroso, con el 34,4%, afirma no sentirse representado por ninguna de esas opciones. El malestar existe, pero todavía está políticamente disponible.
En una repetición hipotética del balotaje de 2023, Sergio Massa obtendría el 40,5% y Milei el 34,9%. Proyectando blancos e indecisos, el resultado sería 53,7% contra 46,3%. Pero casi uno de cada cinco votantes elegiría el voto en blanco, señal de que Massa tampoco logra absorber completamente el rechazo.
El AMBA vuelve a marcar la diferencia. Allí Massa alcanzaría el 55,5%, mientras Milei conserva su mejor desempeño entre los jóvenes y en el interior. El territorio metropolitano empieza así a comportarse como el principal muro de contención contra el oficialismo, especialmente entre quienes atraviesan de lleno la economía cotidiana.
La encuesta no sentencia el final de Milei. Sí muestra que el Gobierno perdió buena parte del crédito que le permitía justificar el presente en nombre del futuro.
Y también deja una advertencia para la oposición: el Conurbano ya está dispuesto a castigar, pero todavía espera encontrar a quién premiar. La bronca sobra. Lo que falta es alguien capaz de convertirla en mayoría.




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