
La crisis golpea a los clubes de barrio: ya no piden pelotas, ahora necesitan alimentos
Hay indicadores económicos que aparecen en los informes oficiales y otros que se descubren caminando los barrios. Uno de ellos acaba de ponerlo en palabras el secretario de Deportes de Quilmes, Nicolás Mellino. La frase es sencilla, pero describe con crudeza el momento que atraviesan cientos de clubes de barrio: "Pasamos mucho de solicitar material deportivo, dos pelotas más, una red, a alimentos".
No se trata solamente de una realidad quilmeña. Es una escena que empieza a repetirse en distintos puntos del Conurbano bonaerense. Allí donde durante años las principales preocupaciones eran mejorar una cancha, cambiar un alambrado o comprar elementos deportivos, hoy las urgencias tienen otro nombre. Leche, fideos, arroz, alimentos secos.
La prioridad dejó de estar únicamente dentro de la cancha para trasladarse al plato de comida.
Quilmes cuenta con alrededor de 600 clubes de barrio y sociedades de fomento donde miles de chicos practican deportes todas las semanas. Son instituciones que desde hace décadas cumplen un rol que va mucho más allá de lo deportivo: contienen, acompañan, generan vínculos y muchas veces funcionan como el
primer refugio comunitario cuando la situación económica golpea a las familias.
Cuando el club vuelve a ser el comedor del barrio
Mellino recordó que durante la pandemia esos espacios ya habían asumido un papel central. Cocinaron viandas, organizaron ollas populares y sostuvieron a vecinos que atravesaban uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Superada aquella emergencia sanitaria, muchas instituciones esperaban volver a concentrarse en el deporte. Sin embargo, la realidad económica volvió a correr el eje.
Hoy los dirigentes vuelven a mirar las alacenas antes que los arcos. La demanda alimentaria reapareció como una necesidad cotidiana porque muchos chicos llegan al entrenamiento sin haber podido completar una comida adecuada. El club vuelve a ocupar ese lugar silencioso que históricamente asumió en los barrios populares: el de estar cuando las familias necesitan una mano.
En paralelo, el Municipio continúa desarrollando obras e inversiones en infraestructura deportiva. Según explicó el funcionario, alrededor de 300 instituciones recibieron mejoras y se impulsaron proyectos como el Polideportivo Cristina Corazón, la Ciudad de los Deportes de San Francisco Solano y el Polideportivo Diego Armando Maradona, además de nuevos desarrollos en Don Bosco, Ezpeleta y Bernal Oeste. También destacó el funcionamiento del natatorio climatizado de Solano y la amplia oferta gratuita de actividades deportivas para distintas edades.
El dato cobra todavía más dimensión si se tiene en cuenta que cerca de 120 mil chicos practican alguna disciplina deportiva en Quilmes. Detrás de cada entrenamiento hay una institución que sostiene horarios, profesores, voluntarios y familias enteras. Cuando un club pide alimentos antes que pelotas, el mensaje excede a una gestión municipal o a un distrito en particular. Habla de una comunidad que vuelve a apoyarse en sus organizaciones más cercanas para atravesar tiempos difíciles.
Los clubes de barrio siempre fueron mucho más que un lugar donde se aprende a patear una pelota o encestar una pelota de básquet. Son espacios donde se construye comunidad. Y cuando esas instituciones cambian la lista de necesidades, también están contando, quizá mejor que cualquier estadística, cómo cambió la vida cotidiana en buena parte del Conurbano.
















