El Cottolengo Don Orione en crisis total y hay más de 400 personas en riesgo

El histórico Cottolengo atraviesa un escenario límite por atrasos en pagos y desfinanciamiento. En el sur del Conurbano, una institución clave para personas con discapacidad advierte que ya no puede sostener su funcionamiento sin respuestas urgentes.
Región 04/05/2026

NOTA 2En Claypole, donde el Conurbano suele resolver en silencio lo que otros no ven, una institución histórica encendió una alarma que no admite demora. El Pequeño Cottolengo Don Orione, con más de 90 años de trabajo social, atraviesa una crisis económica profunda que pone en riesgo la atención de más de 400 personas con discapacidad que viven allí todos los días.

 

La situación no es abstracta. Tiene nombres, rutinas y cuidados concretos. También tiene números que no cierran. Desde la conducción del lugar advierten que los atrasos en los pagos de prestaciones por parte de obras sociales como PAMI e Incluir Salud generaron un cuello de botella que ya impacta en lo esencial. “Llevamos nueve meses sin recibir ninguna adecuación de los aranceles. Hoy estamos entre un 40 y un 70 por ciento de atraso en el valor de la prestación, y como si fuera poco, han cortado la cadena de pago”, explicaron desde la institución.

 

Ese desfasaje no solo tensiona las cuentas. Empuja a decisiones difíciles. Endeudamiento, reducción de personal y deterioro en la calidad de los recursos son parte de un escenario que ya se vio en otros centros similares que terminaron cerrando. En Don Orione todavía resisten, pero la advertencia es clara. “No estamos pidiendo un subsidio ni limosnas. Estamos pidiendo que se reconozcan los derechos de las personas con discapacidad y que estas leyes tengan pronto cumplimiento”.

 

El reclamo no es nuevo, pero sí más urgente. La legislación vigente establece un sistema de atención integral que, en la práctica, hoy no logra sostenerse. A eso se suma un contexto económico que golpea especialmente a las instituciones que dependen de financiamiento estatal indirecto, como ocurre con este tipo de obras.

 

El impacto en el territorio es directo. En el predio funcionan 14 hogares, un centro terapéutico que atiende a unas 100 personas y una escuela de formación integral que acompaña a más de 30 adolescentes en su inserción laboral. No es solo un lugar de asistencia. Es una red de vida cotidiana, de vínculos, de comunidad. “La mayoría de nuestro personal no realiza su tarea como un trabajo más, aquí construimos vínculos”, remarcan quienes sostienen el día a día.

 

En paralelo, hubo una instancia de diálogo con autoridades nacionales, donde se planteó la necesidad de regularizar pagos. Desde el Gobierno se comprometieron a avanzar en esa dirección, pero en el territorio la espera tiene un límite. Porque mientras se discuten tiempos administrativos, hay personas que necesitan atención todos los días.

El Cottolengo Don Orione no es un caso aislado, pero sí emblemático. Representa una forma de organización social que históricamente cubrió vacíos del Estado y que hoy vuelve a quedar expuesta. En el sur del Conurbano, donde la demanda crece y los recursos se achican, lo que está en juego no es solo la continuidad de una institución, sino la dignidad de quienes dependen de ella.

 

Y en ese punto, la discusión deja de ser técnica. Pasa a ser profundamente humana. Porque cuando una red de cuidado se debilita, lo que se rompe no es una estructura. Es el tejido que sostiene a quienes más lo necesitan.

 

 

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